martes, 1 de noviembre de 2011

LAS PALABRAS JESÚS DE NAZARET





LA GRAN COMISIÓN

Como el Padre me ha enviado, así yo los envío.


Dejen que aquellos que están, espiritualmente muertos atiendan a sus negocios terrenales; pero ustedes vayan y proclamen la venida del Reino de Dios al mundo en espera.

Hay una gran cosecha frente a ustedes, pero desgraciadamente, son pocos los trabajadores. Oren al Señor de la cosecha para que Él envíe más labradores a recoger su cosecha. Nadie que pone sus manos en el arado y luego mira hacia atrás, con deseos de dejar la misión, es digno del reino de dios.

Ustedes, los que creen en mí, harán las mismas obras que yo hago, y aún más grandes (porque yo tengo que volver a mi Padre celestial).

Si quieres servirme, sígueme; y donde yo esté, allí también estarás tú, mi siervo, y mi padre te honrará.

Vayan, anuncien: “El reino del cielo ha llegado a ustedes”.

¿Sanen a los enfermos, restauren a la salud a los leprosos, resuciten a los muertos, echen fuera demonios! Acuérdense de lo que les he dicho, “¡Gratuitamente han recibido esta nueva vida. Den gratuitamente!”

Aquellos que traten de salvar su vida, al final la perderán; pero aquellos dispuestos a perderla por mi causa, descubrirán la vida. Si no están conmigo, están en mi contra; y los que no recogen conmigo, desparraman.

Cuando sean invitados a entrar a una casa, ofrezcan una bendición, diciendo: “La paz sea a esta casa”. Si aquellos en la casa son de paz, la bendición de ustedes será aceptada y se beneficiarán. Si no, los beneficios de su bendición volverán a ustedes.

No vacilen en aceptar hospitalidad (espero no olviden el propósito de su visita, resistan la distracción). Disfruten de la comida o bebida que les ofrezcan, porque el obrero es digno de su salario.

Aquellos que reciban a los que yo envío con este mensaje, también me reciben a mí y los que me reciben, reciben a Aquel que me envió.

Les advierto que hay algunos que intentarán silenciar sus voces; que los llevarán a la corte, y los tratarán injustamente, y aun tratarán de ponerlos en prisión. Debido a mi mensaje, serán llamados a testificar ante aquellos que no creen: autoridades, gobernadores y reyes.

Si son acusados y llevados a corte, no teman por falta de palabras. Les serán dadas en aquel instante. No necesitarán confiar solamente en sus palabras, porque el Espíritu de su Padre hablará por ustedes.

Recuerden (en el reino de la tierra) el siervo no es mayor que su señor. Si me han perseguido a mí, también a ustedes los perseguirán; castigándolos por mi causa (sin reconocer quién fue el que me envió a este mundo). Sin embargo, si ellos aceptan y siguen mi mensaje, también aceptarán el de ustedes.

Si yo no hubiera venido con el mensaje de la verdad, los habitantes del mundo no habrían podido estar conscientes de sus faltas y conductas pecaminosas. Ahora no tienen manera de esconder sus hechos (tras su previa ignorancia de la verdad). Si yo no hubiese realizado entre ellos tantos milagros grandiosos, no hubieran comprendido sus imperfecciones. Pero ahora (aquellos que han rechazado la verdad) han visto los milagros, y me han odiado a mí y a mi Padre.

Esto ha sucedido, para que se cumpla la profecía: “Me han odiado sin motivo.”

Este es un fuego que he visto a traer sobre la tierra. ¿Cuántos anhelos verlo encendido? ¿Se imaginaron que yo había venido a traer calma y tranquilidad a la tierra? ¡No! Les digo, yo he venido a traer la división: pues de ahora en adelante habrán cinco en casa, divididos en lo que ellos deben de creer, tres contra dos, y dos contra tres.

Un padre estará contra su hijo, el hijo contra su padre; la madre contra su hija, y la hija contra su madre; la suegra contra su nuera, y la nuera contra su suegra. Hermanos traicionarán a sus hermanos, hasta hacerlos morir y padres a sus hijos. Los hijos se levantarán contra sus padres, y los matarán.

Cuando se enfrenten con el odio del mundo, recuerden cómo me aborrecieron a mí primero.

Y si ellos persiguen en un lugar, huyan al próximo lugar. El Mesías retornará antes de que hayan alcanzado todas las ciudades del mundo. Si una ciudad rehúsa aceptarlos, o escuchar su mensaje, sacudan el polvo de esa ciudad de sus pies cuando se vayan. Créanme, en el día del juicio final, será mejor haber sido de Sodoma y Gomorra, que de esa ciudad.

Si siguieran la manera de actuar del mundo, el mundo los amaría. Pero porque ustedes siguen los caminos del reino, como yo les he llamado al reino, el mundo los despreciará y los odiará.

Cualquiera que escuche sus palabras, me escucha a mí, y aquellos que los desprecien (debido a sus palabras de verdad), a mí me desprecian. Al rechazarme, rehúsan a Aquel que me envió.

Sufran la crítica de los escépticos e incrédulos, por amor a mi nombre. Permanezcan firmes; al hacerlo así, serán salvos.

Les he dicho estas palabras para que crean en mí, y siguiendo mis palabras, puedan hallar paz. En el mundo tendrán sufrimientos y problemas, pero alégrense, porque yo he vencido al mundo.

Por tanto, vayan por todo el mundo y prediquen el evangelio. Pues el Hijo del Hombre no ha venido a destruir vidas, sino a salvarlas.


1996, R. L. Cantaleon



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