lunes, 14 de julio de 2014

LA GOTA DE AGUA QUE NO QUERÍA PERDER SU "INDIVIDUALIDAD"



Por la noche, en el verano, a partir de las doce pueden regarse los tiestos.
Se supone que a las doce –y se supone mal– nadie pasará ya bajo los balcones enmacetados de Madrid; pero si pasa, y ese abrupto en riego helado cae sobre su cabeza, ni tiene derecho a quejarse, ni vale la pena, porque el agua, aun así, es bienvenida en pleno agosto.
Las flores, “por su parte”, es indecible lo que gozan con ese riego nocturno, cuya frescura se perpetúa, sobre todo en los balcones de Luis, que miran al Poniente, hasta bien entrada la mañana.
El otro día, a las doce, sobre el pétalo aterciopelado de una rosa, como sobre la tela de un estuche, radiaba aún una gruesa gota de agua. Había pasado allí buena parte de la noche, fresca por excepción, dejándose penetrar por la luna.
Un viento suave la balanceaba en su hamaca olorosa de seda.
Pero avanzaba la mañana. El dios trasponía ya el meridiano, y una saeta de oro del arquero divino hirió en pleno corazón a la gota, tocándola en chispa maravillosa.
Luis, que de antaño comprende el lenguaje del agua, como el sultán Mahmoud comprendía a los pájaros, oyó quejarse a la gota, la cual decía entre suaves quejumbres:
–Tengo miedo, ¡ay!, tengo miedo. Siento que empiezo a evaporarme... ¡Oh sol, no me beses, por Dios! Tus besos hacen un espantoso daño. Me penetran toda, me abrasan, me disgregan... Yo no quiero deshacerme, no quiero volatilizarme... ¡No quiero perder mi individualidad!... ¿Entiendes, oh sol? No quiero perder mi individualidad.
«Yo reflejo a mi modo la naturaleza. Soy un pequeño ojo cristalino, muy abierto, que la ve, que la admira desde este nido de terciopelo, desde esta cuna suave y bienoliente. Llevo ya muchas horas divinas de vida harmoniosa. Durante buena parte de la noche he reflejado la luna. He sido, ya una perla, un zafiro místico, ya una turquesa celeste. Después, la bóveda se ha pintado de un amarillo suave, y yo me he vuelto topacio. A poco el cielo se tiñó de rosa, y he sido rubí. Ahora soy diamante. Y cuando las hojas del rosal se miran en mi espejo para contemplar su traje nuevo, recién cortado en punta, me convierto en esmeralda.
»No me beses, ¡oh sol! No sabes besar: haces mucho daño. No eres como la luna. Ella sí que sabía besar blandamente: al fin, mujer. Tú te pareces a un hombre sanguíneo, tosco y premioso.
»¡Ay!, siento que me deshago, que me desvanezco, que me pierdo...
»Sí, comprendo que eso de la transparencia absoluta es una cosa muy buena; que ser parte de la atmósfera húmeda es cosa muy conveniente; que flotar, volar, es cosa muy apetecible. Comprendo también que un poco de frío puede condensar mi humedad, y entonces ser yo parte mínima de una nube de esas que he visto pasar por la mañana y que parecen cuentos y milagros... Todo eso, sin duda, es bueno. Pero yo dejaría de ser gota, de ser gotita diáfana y temblorosa que soy: esta gotita acurrucada en el pétalo de una rosa, ¡y no quiero perder mi individualidad!
»¡Ay! ¡Ay!, que daño me haces..., ¡oh sol! Ya no me beses, ya no me be...ses. Yo soy u...na gotita... de agua..., una lu...mi...no...sa go...tita de agua... sobre un rosa..., sobre una ro...»
Estas fueron las últimas palabras de la gotita trémula que brillaba sobre el pétalo de una rosa en el balcón de Luis.
El sol, brutal y sordo como la muerte, había hecho su obra…


Fuente: Cuentos misterioros, de Amado Nervo


PARA TODO HAY UN MAÑANA



El mañana siempre llega y cuando se vive se convierte en un ayer, pocos advertimos que primero sucede el "hoy". Resulta normal estar inmersos en lo que vendrá, pero el hombre más inteligente y sensato es el que sabe que para todo hay un mañana sin importar lo difícil del pasado y lo duro del presente.

Sí, para todo hay un mañana, un claro en la oscuridad, una luz al final de un túnel oscuro y desconocido, un filtro y una ráfaga que a pesar de los obstacáculos, sabe que por un hueco, algún simple agujero, se puede colar y, ese pequeño silbido que llega a manifestar, por más minimo e imperceptible que sea, advierte que ha logrado romper el cerco.

Para todo hay un mañana, sin importar lo ocurrido en el pasado y lo que vendrá en el presente.


 Fuente: "Palabras para el Alma", de William Alducin, editorial LIBUK

EL ECO DE LA VIDA



Un niño y su padre caminaban entre las montañas. De repente, el hijo tropezó y cayó al suelo gritando Aaahh!

Para su sorpresa, oyó una voz a lo lejos que gritaba como él.

Con curiosidad el niño preguntá: "¿Quién está ahí?"

"¿Quién está ahííí´...?", le respondieron.

Molesto con la respuesta, el niño gritó: "¡Cobarde!" Pero le respondieron de la misma manera: "¡Cobardeee...!"

El niño desconcertado le preguntó a su padre: "¿Qué sucede papá?"

El padre, sonriendo le dijo: "Hijo mío, presta atención"

Se levantó y dirigiéndose a la montaña, gritó: "¡Te admiro!". La voz respondió: "¡Te admirooo...!"

Volvió a gritar: "¡Eres un campeón!". Y la voz le respondió: "¡Eres un campeónnn...!"

El niño estaba asombrado y no entendía. "Se llama Eco", le explicó el padre, "aunque en realidad es la vida. Te devuelve todo lo que dices  o haces. Nuestra vida es simplemente un reflejo de nuestras acciones".

"Sí deseas más amor en el mundo, crea más amor a tu alrededor. Si deseas felicidad, da felicidad a los que te rodean. si quieres recibir una sonrisa, sonríe a los que conoces".


La actitud con la que encaramos la vida es el semblante que mostramos a los demás, si es amoroso recibiremos amor, pero si es odio o resentimiento, estaremos recibiendo esos vicios de los que hoy en día disfruta la sociedad.



Fuente: "Palabras para el Alma", de William Alducin, editorial LIBUK


AMOR A UNO MISMO



La mayoría de las personas creen que se aman a sí mismas porque tratan siempre de complacerse. Sin embargo, el egoísmo es una cosa y el amor a uno mismo es otra.

No podemos dar lo que no tenemos. Es imposible amar a otros si no nos amamos a nosotros mismos. El amor a sí mismo es la propia aceptación, es perdonar nuestros errores y erradicar el sentimiento de culpa, es querernos.

Cuando empecemos a practicar el amor por nosotros mismos podremos comenzar a amar a los demás.

El egoísmo por otra parte, es una actitud egocéntrica, que hace que los individuos tomen ventaja de las demás personas, lo que es una actitud negativa que irá paulatinamente aislando a la persona egoísta haciéndola sentirse solitaria y perdida.

Todos los eres humanos tenemos cualidades valiosas. En el peor de los hombres hay algo divino, lo triste es que lo desconocen.

Tú tienes grandes virtudes que necesitan ser reconocidas y desarrolladas. Todo es cuestión de enfocar nuestra atención hacia lo positivo que cada uno de nosotros tiene.


Fuente: "5 minutos más contigo", de Helen Hernández, editorial EDAMEX.

HABLANDO DE ROCK.