LAS PALABRAS JESÚS DE NAZARET






EL REGRESO

Velen por tanto, pues ustedes no saben la hora cuando su Señor regresará.


Cuiden de que nadie los engañe, pues en los últimos tiempos muchos vendrán que usarán mi nombre, diciendo: “Yo soy Cristo” y engañaran a muchos. Falsos profetas se levantarán, y ellos también llevarán a muchos a creer sus mentiras.

Así, pues, no crean cuando ellos les digan: 2Aquí o allí está Cristo.” Porque se levantarán muchos falsos Cristos y profetas, y harán señales y maravillas extrañas. Aún los justos serán engañados.

Si ellos dicen: “Miren, él está ene l desierto” no salgan precipitadamente a buscarme. O si dijeren: “Él está en un lugar secreto que sólo yo conozco” no les crean. Porque como el rayo sale del oriente y brilla lasta el occidente, así será la venida del Hijo del hombre.

En el momento final, la señal del Hijo del hombre aparecerá en los cielos lo que hará que las naciones de la tierra se lamenten, pues verán al Mesías, el Hijo del hombre, que viene en las nubes del cielo con el poder y gran gloria; y verán al Hijo del hombre, sentado a la mano derecha del Dios viviente, regresando en las nubes del cielo. Y Él enviará a sus ángeles con un gran sonido de una trompeta, y ellos recogerán a todos sus elegidos de los cuatro vientos, desde los confines del cielo y de la tierra.

Pues el Mesías vendrá en la gloria de su Padre y los ángeles, y recompensará a cada uno conforme a sus obras.

Como fue en los días de Noé, así será en el tiempo de la venida del Hijo del hombre. En los días que precedieron al gran diluvio, ellos comían y bebían, se casaban y se daban en casamiento, y celebraban descuidadamente, hasta el día que Noé entró en el arca. Ellos ignoraron los avisos del diluvio que se acercaba.

Así también fue en los días de Lot. Ellos comieron y bebieron, compraron y vendieron, plantaron y edificaron. Pero el día cuando Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será cuando se manifieste el Hijo del hombre.

No permitan que sus corazones sean abrumados por la persecución del placer, la disipación, o por las ansiedades de la vida. No permitan que en mi regreso los encuentre sin estar preparados, porque como un lazo vendrá súbitamente sobre todos los que habitan en la tierra.

Dos estarán en el campo. Uno será tomado y el otro se quedará atrás. Dos mujeres estarán moliendo en el molino. Una será tomada y la otra será dejada.

Por eso, velen; porque no saben a cuál hora retornará su Señor. Pero sepan esto, que si aquellos en la casa hubiesen sabido la hora que el ladrón planeó el robo, se hubieran quedado esperando despiertos, y no habrían dejado que su casa fuese asaltada.

Por tanto, estén preparados, porque en la hora en que menos lo esperen, el Hijo del hombre vendrá.

Consideren la historia de las diez damas de honor, quienes tomaron sus lámparas y salieron a encontrar al novio (iluminando el camino para la llegada del novio).

Entre ellas había cinco sabías y cinco necias. Las necias tomaron sus lámparas pero no llevaron combustible adicional, mientras que las sabías llevaron consigo combustible adicional. Como la llegada del novio se retrasó, todas se durmieron. Luego, a medianoche, se oyó súbitamente un grito: “¡Miren, el novio viene! ¡Ha llegado el momento de recibirlo!”

Las diez damas se levantaron apresuradamente y comenzaron a preparar sus lámparas. Entonces las necias dijeron a las sabías: “Dennos un poco de su combustible adicional, pues todas nuestras lámparas se han apagado.”

“No podemos” respondieron las sabías, “pues no hay suficiente combustible para ambas. Vayan rápidamente a los que venden combustible y compren para ustedes.”

Pero mientras ellas fueron a comprar combustible, llegó el novio, y las que estaban preparadas salieron con él para la celebración matrimonial, y la puerta se cerró.

Después llegaron las otras damas y comenzaron a llamar “Señor, Señor, déjanos entrar”.

Pero él le contestó: “Verdaderamente les digo, yo no sé quiénes son ustedes.”

Dichosos son aquellos siervos a quienes el Señor encuentre anhelantes y a la espera de su llegada, aun si él viniera a media noche o al amanecer.

Verdaderamente les digo, que él se pondrá su vestuario para banquetes, e invitará a esos siervos a cenar con él; y levantándose de la mesa, les servirá a ellos como a huéspedes de honor.

Así es que, estén alertas y vigilantes, pues no saben el día ni la hora cuando vendrá el Hijo del hombre.

Estén preparados y mantengan sus lámparas encendidas, como los siervos que esperan a la puerta, pendientes del toque de su Señor; los encontrará listos y llenos de esperanza cuando él regrese.


1996, R. L. Cantaleon



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