LAS PALABRAS JESÚS DE NAZARET





PACIENCIA, MISERICORDIA Y PERDÓN


Cuando poco se perdona, poco amor se recibe a cambio.

Cierto banquero estaba estudiando las cuentas de dos personas que le habían tomado  dinero prestado. Uno debía quinientas piezas de oro, mientras el otro debía sólo cincuenta. Sabiendo que ninguno de los dos contaba con los recursos para pagar la deuda, el banquero lleno de compasión perdonó ambas deudas.

¿Cuál de estos dos hombres supones tú que estaría más agradecido? Seguramente, al que se le perdonó más.

El tiempo llegó para que cierto rey revisara sus archivos y sus cuentas. Durante este proceso, le trajeron a su presencia a uno de sus siervos que le debía (la increíble cantidad) de diez mil piezas de oro.*

Como era imposible que este siervo pagara la deuda, el rey aplicó la ley: el siervo y su familia serían vendidos, y su casa y posesiones subastadas.

Pero el siervo cayó de rodillas frente al rey, y le imploró, diciendo: “Mi señor y mi rey, te ruego que tengas paciencia conmigo, y yo te pagaré todo.”

El rey fue movido por compasión. L e canceló la deuda y dejó libre al siervo.

Ese mismo día, este siervo se encontró con un amigo que le debía cien denarios.** En vez de mostrar misericordia, agarró a su amigo por la garganta, gritando: “Págame el dinero que me debes.”

Su amigo se arrojó a sus pies, e imploró: “Por favor, sé paciente conmigo y te pagaré todo, hasta la última moneda.”

*Casi diez millones de dólares o cinco millones de pesos.
**Unos cuantos dólares o pesos.

Pero el siervo no lo escuchó, y mandó que arrojaran al hombre en la prisión hasta que pudiera pagar la deuda (de acuerdo a la ley en ese tiempo).

Algunos de los otros siervos vieron lo que había sucedido, y llenos de lástima, fueron y se lo dijeron al rey.

El rey, entonces, llamó al siervo a su presencia, y le dijo: “Tú, siervo malvado. Te perdoné tu deuda impagable porque me lo pediste. ¿No deberías haber tenido igual compasión con el amigo que te debía tan insignificante cantidad?”

Enfadado, el rey entregó al siervo a sus carceleros hasta que pagara toda la deuda.

Así les tratará mi Padre, si ustedes rehúsan perdonar de corazón a sus hermanos y hermanas.

No se conformen con perdonar siete veces, sino setenta veces siete. (No pongan límites al número de veces que deseen perdonar a los que injurian).

Hagan la paz, aun con sus enemigos. La constante contienda sólo lleva a mayores problemas: litigios, tribunales, y quizá prisión sin manera de anular la multa, excepto si se cumple la sentencia.

Si alguien les ha hecho algo malo, vayan y discutan el caso con esa persona en privado. Si los escucha, han ganado un amigo.

¿Recuerdan el dicho: ojo por ojo, y diente por diente? Yo les digo lo contrario. Si alguien les pega en la mejilla derecha, ofrezcan la izquierda, o si alguno los demanda y toma su chaqueta, entonces ofrézcanle también la camisa que llevan puesta. ¿Hay quienes les hacen caminar una milla con ellos? Estén dispuestos a caminar dos.

Da generosamente a aquellos que te pidan, y no te hagas el sordo para los que piden prestado.

Cuando estés orando en el lugar de adoración, hazlo con un corazón lleno de perdón, así tu padre que está en el cielo te ofrece su perdón.

Y si traes una ofrenda al lugar de adoración, y te acuerdas que tienes una discordia sin resolver entre tú y otro, deja tu ofrenda en el altar. Ve primero a reconciliarte con esa persona, y luego regresa y ofrece tu ofrenda.

Encuentra perdón para los males que la gente te haya infligido y tu vida estará inundada de misericordia y gracia.


1996, R. L. Cantaleon



Comentarios