LA CONTINGENCIA INVERNAL Y EL CALENTAMIENTO GLOBAL



La contingencia invernal y el calentamiento global: ¿existe una conexión?




Dr. Francisco R. Del Valle
Catedrático de NMSU
16-02-2011


Todos hemos quedado impactados, y muchos afectados, por el tremendo temporal invernal que azotó a nuestras ciudades, así como a más de la tercera parte de los EEUU, una buena parte de la República Mexicana y muchos países europeos. Los medios—prensa y televisión—han informado que muchos sitios han sufrido, y siguen sufriendo fuertes carencias de agua, luz y gas. Es indudable que el temporal ha sido histórico; muchos récords de temperaturas mínimas han sido rotos.


Pero lo anterior no es un hecho aislado. Previamente, hubo tormentas brutales que enterraron en la nieve a muchas ciudades del noreste de los EEUU, incluyendo Nueva York, Boston, Washington, etc., y varias ciudades europeas.


Todo esto me ha hecho recordar una película denominada “El día después de mañana” (“The day after tomorrow”) que fue estrenada en 2004. La película inicia con una expedición al Ártico que descubre que, debido al calentamiento global, grandes masas de hielo polar se han derretido con la consecuente elevación de los niveles oceánicos. Este fenómeno, aunado a los efectos del calentamiento de las aguas marinas, ha desatado una terrible onda gélida que ha azotado a todos los países del hemisferio norte, llegando incluso hasta la India. Como consecuencia de todo esto, Nueva York queda inundado, congelado y enterrado en hielo y nieve. Al final de la película se produce una invasión masiva, pero pacífica, de México—autorizada por el gobierno mexicano—de personas que cruzan el Río Bravo buscando refugiarse del frío en ese país. Debo mencionar que, por cierto, esta escena fue filmada en El Paso y Juárez.


Muchas personas han intentado negar el calentamiento global, aduciendo que precisamente las ondas gélidas lo desaprueban. Dicen que si hay calentamiento global, ¿cómo es posible que se hayan intensificado los inviernos? Pero la película “El día después de mañana” y la ciencia dan la respuesta a esta aparente paradoja.


En primer término, la mayor parte de la comunidad científica a nivel mundial—salvo pocas excepciones—ha aseverado el hecho del calentamiento global. La opinión compartida por la mayoría de los especialistas es que 1) la tierra sí se está calentando; 2) el calentamiento es causado primordialmente por la acumulación de los denominados “gases de invernadero” (principalmente bióxido de carbono, pero también óxido nitroso y metano) en la atmósfera; y 3) el calentamiento continuará si no se toman medidas para disminuir las emisiones de dichos gases.


La pregunta clave es, entonces, ¿cuál es el mecanismo por el cual el calentamiento global causa el recrudecimiento de los inviernos? La respuesta radica en la denominada “circulación termohalina” de los océanos. Ésta se refiere a corrientes de agua oceánica—incluyendo la denominada “corriente del golfo” que acarrean aguas cálidas desde los trópicos hasta las regiones más frías nórdicas (en nuestro caso a los países del atlántico norte), calentándolas. Al enfriarse las aguas cálidas en las zonas nórdicas, éstas se sumergen al fondo oceánico (el agua fría es más densa que la caliente) y lentamente se desplazan hacia al sur, para retornar nuevamente a los trópicos. Los patrones de dichas circulaciones son causados por diferencias, tanto de temperatura como de salinidad (concentración de sal) de las aguas. De ahí la etimología del término “termohalina”: “termo” se refiere a la temperatura, y “halina” a la salinidad.


La circulación termohalina puede ser afectada por dos factores: 1) la temperatura y 2) la salinidad de las aguas. Queda claro que el primer factor—la temperatura—es incrementada por el calentamiento global. Con respecto al segundo factor—la salinidad de las aguas—ésta se ve afectada por el influjo de agua dulce hacia el mar, con la consecuente disminución de la salinidad. Y ¿de dónde proviene dicha agua dulce? Ésta procede de dos fuentes. La primera es el flujo creciente de agua dulce al mar, provocado por el incremento de precipitaciones (lluvias, huracanes, inundaciones) terrestres, todo causado por el calentamiento global. Y la segunda es el derretimiento de las capas de hielo polar y glaciares terrestres, con la consecuente producción de agua dulce, causada igualmente por el calentamiento global.







En resumen el calentamiento global, directa o indirectamente, incrementa la temperatura y disminuye la salinidad del agua oceánica. Y ¿qué efecto tienen estos dos factores sobre la corriente termohalina?. Fundamentalmente, ambos factores disminuyen la densidad del agua oceánica: las aguas cálidas poseen menor densidad que las frías, y las de menor salinidad son menos densas que las de mayor salinidad. Muchos modelos computacionales, elaborados por especialistas climatólogos han arrojado que el incremento de la temperatura, aunado a la disminución de la salinidad oceánica podrían disminuir la circulación termohalina pudiendo, en el caso extremo, llegar a suprimirla.



Entonces, ¿cómo puede el calentamiento global causar inviernos más crudos e intensos? Sin la circulación termohalina, o con la disminución de la misma, el transporte de calor de los trópicos hacia las regiones nórdicas disminuiría, con el consecuente recrudecimiento de los inviernos en dichas zonas. Y, ya que igualmente existen circulaciones termohalinas en el hemisferio sur, lo mismo sucedería en las zonas más australes del hemisferio.


¿Es esto realidad, o ciencia ficción? Hay varios factores que favorecen la primera opción. En la opinión del que escribe, el calentamiento global es un hecho innegable. Ha sido comprobado que la temperatura promedio de la tierra se ha incrementado en un grado Fahrenheit en la última década, y se sigue incrementando, pudiendo llegar desde 2 hasta 10 grados Fahrenheit en los siguientes cien años. Por otra parte, todos estamos conscientes de que los veranos se han recrudecido en los años recientes. Por ejemplo, en la década de los noventas los veranos fueron más calurosos que en las décadas anteriores, y lo mismo sucedió en la primera década del siglo veintiuno, con respecto a la década anterior. Por otra parte, el derretimiento de las capas de hielo polar, así como de los glaciares terrestres ha quedado científicamente comprobado. Finalmente, el número de terribles y devastadoras inundaciones surgidas en múltiples partes del planeta—México, EEUU, Venezuela, China, Australia, Filipinas, España, etc.—en años recientes, comprueban igualmente el calentamiento global: las incrementadas temperaturas oceánicas provocan mayor evaporación de agua, lo que desemboca en mayores y más fuertes precipitaciones y, consecuentemente, inundaciones.


¿Qué se puede hacer? Afortunadamente la comunidad mundial ha tomado conciencia de la importancia del problema, y ha habido varias reuniones (Kyoto, Cancún, etc.) dirigidas a buscar la manera de reducir la producción de gases de invernadero.


Por otra parte, existen varias posibilidades para reducir las emisiones de carbono: incremento de las eficiencias energéticas; uso de combustibles de hidrógeno; uso de energías nuclear, solar y eólica (del viento); y tecnologías para extraer el carbono atmosférico. En este renglón, son de suma importancia las políticas gubernamentales que alienten a las industrias a desarrollar y utilizar éstas y otras tecnologías. Cabe mencionar que son ya diversas las empresas que han descubierto que la reducción de emisiones de carbono no solamente incrementa, sino que disminuye los costos.


Del éxito de éstas y otras iniciativas semejantes depende el futuro de nuestro planeta. Si esto nos se implementa pronto, tendremos que pagar las consecuencias. Incluso, ya las estamos pagando…


 
 

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